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MEDITACIONES DIARIAS CON Obispo Barron
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Sábado después del Miércoles de Ceniza

Sábado 20 de febrero de 2021

Lucas 5:27—32

Amigos, en el Evangelio de hoy, Jesús le dice a Mateo: “Sígueme”. La llamada de Jesús se dirige a la mente, pero está destinada a moverse a través de la mente hacia el cuerpo, y a través del cuerpo hacia toda la vida, hacia los movimientos y decisiones más prácticas. “Sígueme” tiene el sentido de “aprende de mí” o “camina como yo camino; piensa como yo pienso; elige como yo elijo”. El discipulado implica una reelaboración completa del yo de acuerdo con el patrón y la manera de Jesús.

Al escuchar el discurso del Señor, el recaudador de impuestos, se nos dice, “se levantó y lo siguió”. La palabra griega detrás de “se levantó” es anastas, la misma palabra usada para describir la Resurrección (anastasis) de Jesús de entre los muertos. Seguir a Jesús es ciertamente una especie de resurrección de entre los muertos, ya que implica la transición de una forma de vida inferior a una superior, de una preocupación por los bienes temporales de este mundo a una inmersión en la bondad de Dios.

Aquellos que han experimentado una conversión profunda tienden a hablar de su vida anterior como una especie de ilusión, algo que no es del todo real. Así Pablo puede decir: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”; Thomas Merton puede hablar del “yo falso” que ha dado paso al yo auténtico; y quizás, de una forma más conmovedora, el padre del hijo pródigo puede decir, “Este hijo mío estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido encontrado”.

Reflexiona: ¿Qué “bienes temporales de este mundo” te mantienen demasiado preocupado? ¿Qué te pide Cristo que hagas al respecto?

 


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