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MEDITACIONES DIARIAS CON Obispo Barron
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Quinta semana de Cuaresma

Miércoles 24 de marzo de 2021

Juan 8:31–42

Amigos, hoy en nuestro Evangelio, Jesús confronta a esos líderes judíos que quieren matarlo, diciéndoles que están endurecidos en su pecado. Él dice: “Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo del pecado”.

En nuestra tradición, el pecado es una especie de no ser, una ilusión, si se quiere. Vivir en pecado es vivir obstinadamente en un mundo irreal. Nuestra mente se confunde y nuestra voluntad se desorienta. Esto ayuda a explicar por qué el diablo a menudo se le llama el padre de la mentira.

El teólogo Henri de Lubac da voz a esta convicción cuando se refiere al pecado como cette claudication mystérieuse, esta cojera misteriosa. Es una deformación, una corrupción.

Todos nosotros los pecadores, en un grado u otro, hemos creído en la mentira. En el corazón de la mentira —y podemos verlo en el relato del Génesis— está la deificación del ego. Me convierto en el centro del universo, con mis necesidades y mis miedos y mis demandas.

Y cuando el insignificante “yo” es el centro del cosmos, el lazo que une todas las cosas entre sí se pierde. La realidad básica ahora se convierte en rivalidad, competencia, violencia y desconfianza.

Reflexiona: ¿Qué es el “lazo que une todas las cosas entre sí”? ¿Cómo el pecado o la “deificación del ego” dañan este vínculo?


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