flame
MEDITACIONES DIARIAS CON Obispo Barron
cross
Cuarto domingo de Cuaresma

Domingo 14 de marzo de 2021

Juan 3:14–21

Amigos, nuestro Evangelio de hoy incluye uno de los pasajes más conocidos de la Escritura: “¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no perezca, sino que tenga la vida eterna”.

En su afán por arreglar un universo desarticulado, Dios abrió su propio corazón hacia el amor. El Padre envió, no simplemente a un representante, portavoz o plenipotenciario, sino a su propio Hijo a la disfunción del mundo para que pudiera reunir a ese mundo en la dicha de la vida divina. El centro de Dios, el amor entre el Padre y el Hijo, ahora se ofrece como nuestro centro; El corazón de Dios se abre para incluir incluso a los peores y los más desahuciados entre nosotros.

En muchas tradiciones espirituales, el énfasis se pone en la búsqueda humana de Dios, pero esto es al revés en el cristianismo. Los cristianos no dan por sentado que Dios está “ahí fuera”, como una montaña esperando ser escalada por varios buscadores religiosos. Por el contrario, Dios, como el sabueso del cielo en el poema de Francis Thompson, nos busca incesantemente. Debido a este amor divino que busca y se vacía a sí mismo, nos convertimos en amigos de Dios, partícipes de la comunión de la Trinidad.

Reflexiona: ¿En qué se diferencia el punto de vista cristiano del punto de vista de la cultura?


Meditaciones Anteriores

¿Le gustaría recibir cada mañana en su mail estas reflexiones diarias del Evangelio?