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MEDITACIONES DIARIAS CON Obispo Barron
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Primera semana de Cuaresma

Miércoles, 4 de marzo de 2020

Lucas 11, 29-32

Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús dice a la multitud que la única señal que dará es la de Jonás: la victoria de Su muerte y resurrección.

Si Jesús hubiera muerto y simplemente permanecido en su tumba, sería recordado (si fuera recordado) como un noble idealista, trágicamente aplastado por las fuerzas de la historia. En el primer siglo no había señal más segura sobre que alguien no era el Mesías que morir en manos de los enemigos de Israel, ya que uno de los puntos centrales del Mesianismo era precisamente la victoria sobre esos enemigos.

El hecho que Pedro, Santiago, Juan, Pablo, Tomás y el resto anunciaran por todo el mundo mediterráneo que Jesús era el tan esperado Mesías de Israel, y que podían aún morir para defender esta afirmación, son los indicios más seguros de que algo monumentalmente importante sucedió con Jesús después de Su muerte.

Ese algo fue la Resurrección. Aunque muchos teólogos modernos han tratado de explicar la Resurrección como una fantasía que venía a llenar los deseos de la gente, un símbolo vago o una invención literaria, los escritores del Nuevo Testamento no pudieron ser más claros: el Jesús crucificado, que había muerto y había sido enterrado, apareció nuevamente con vida a sus discípulos.

Reflexionemos: ¿Dónde estaría tu fe si no creyeras en la Resurrección?


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