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MEDITACIONES DIARIAS CON Obispo Barron
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Reflexión para Cuaresma: Día 16

Jueves, marzo 16, 2017

Lucas 16:19-31

Amigos, el Evangelio de hoy se enfoca en la existencia duradera de aquellos que nos han precedido en la muerte. Afirmar que no somos nada sino “cuerpos” que florecen brevemente para luego desaparecer equivale a perder de vista esta dimensión de nuestra existencia. Aunque somos tentados a ver la muerte como el final, hay algo dentro de nosotros que se rebela contra esta idea.

Es por esta razón que Jesús no tiene reparo en hablar sobre la vida eterna. Como sabemos, en tiempos de Jesús había un gran debate entre los judíos sobre la cuestión de la resurrección. Muchos, incluidos los saduceos, negaban la idea de la vida después de la muerte; pero otros, entre ellos los fariseos, la afirmaban. Jesús claramente toma postura con los que lo afirman, y su propia Resurrección de entre los muertos afirmó esta posibilidad de la manera más contundente posible.

El Evangelio encierra una consecuencia práctica de enorme importancia: todavía estamos relacionados con aquellos que nos han antecedido en la muerte. En un sentido muy real podemos decir que se han ido; sin embargo, no han desaparecido. Están conectados con Dios y por lo tanto con todo lo que Dios ama. No es que estén en algún otro lugar sino de alguna forma distinta y, por lo tanto, pueden relacionarse con nosotros de maneras que llegan a ser incluso muy íntimas.


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