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MEDITACIONES DIARIAS CON Obispo Barron
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Cuaresma Día 4

Sábado, 17 de febrero de 2018

Lucas 5:27-32

Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús le dice a Mateo: “Sígueme”. Este llamado va dirigido al pensamiento, pero está destinado a pasar de la mente al cuerpo y del cuerpo a toda nuestra vida, incluyendo nuestras acciones y decisiones más prácticas. El sentido de “sígueme” es como decir “aprende de mí” o “camina como yo camino; piensa como yo pienso; elige como yo elijo”. El discipulado implica una reelaboración completa de uno mismo de acuerdo con el modelo y manera de Jesús.

Al escuchar al Señor se dice que el recaudador de impuestos “se levantó y lo siguió”. La palabra griega que se usa para “se levantó” es anastas, la misma palabra que se usa para describir la resurrección (anástasis) de Jesús de entre los muertos. Seguir a Jesús es, de hecho, una especie de resurrección, ya que implica transición de una forma inferior de vida a otra superior, de la preocupación por los bienes temporales de este mundo a una inmersión en la bondad de Dios.

Aquellos que han experimentado una conversión profunda tienden a hablar de su vida anterior como una especie de falsas ilusiones, algo no del todo real. Y así Pablo nos dice, “ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí”; Y Thomas Merton nos habla del “falso ser” que da paso a nuestro ser auténtico; pero, quizás lo más conmovedor, es cuando el padre del hijo pródigo dice: “Este hijo mío se había perdido y ha sido encontrado; estaba muerto y ha vuelto a la vida”.


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