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MEDITACIONES DIARIAS CON Obispo Barron
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Cuaresma Día 36

Miércoles, 21 de marzo de 2018

Juan 8:31-42

Amigos, en nuestro Evangelio de hoy Jesús se enfrenta con los líderes Judíos que querían matarlo, diciéndoles que estaban endurecidos en su pecado. Él les dice, “Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado”.

En nuestra tradición, el pecado es una especie de no-ser, una ilusión, por así decirlo. Vivir en pecado es vivir obstinadamente en un mundo irreal. Nuestra mente se confunde y nuestra voluntad se desorienta. Esto ayuda a explicar por qué a menudo nos referimos al diablo como padre de las mentiras.

El teólogo Henri de Lubac confirma esta convicción cuando se refiere al pecado como cette claudication mystérieuse, esa claudicación misteriosa, esa misteriosa renguera. Es una deformación, una corrupción.

Todos nosotros pecadores, de un modo u otro, hemos comprado una mentira. En el corazón de la mentira—y podemos verlo en el relato del Génesis—está la deificación del ego. Nos convertimos en centro del universo, yo con mis necesidades, mis miedos y mis demandas.

Y cuando el pobre “yo” es centro del cosmos, se pierde el lazo que une todas las cosas. La realidad básica ahora se convierte en rivalidad, competencia, violencia y desconfianza.


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